miércoles, 17 de agosto de 2011

La tia quitagustos

Hoy mi madre ha contado nuevas historias de sus padres. Historias de otra época.

No existían mochilas, o como mi madre las llama macutos. Los pescadores y hombres del campo se hacían bolsas con esparto. Con su saquito principal y sus bolsillos laterales. Le ponían tapas y todo tambien de esparto y hasta sus botones para cerrarlas. Le cosian tiras y se las prendían en la espalda. Ahi metían los aperos, las ropas y lo que llevaran para las jornadas de trabajo. Las conocían como "barzas".

Las mujeres iban a llevarles comida cuando volvían a puerto con lo que hubieran pescado. Cuenta mi madre que entre los muchos hombres de mar habia una mujer que era algo tacaña. Cuando les traia comida a sus hijos era siempre un poco escasa. Hasta que un día les trajo unas manzanas que parecian mas bien olivas gordales. Imagina esos hombres curtidos de sol y salitre, todo el día desde la madrugada bregando en el mar para traer el pan a casa y que de postre les traen esas manzanas, no pudieron mas que hacerselo ver a su madre, a lo que ella les respondió: "¡Pero si son para quitarse el gusto!". Con la tía quitagustos se quedó.

Pero la que me ha hecho reirme de verdad ha sido la historia del lebrillo. Mi madre y mis tios de pequeños pasaban temporadas en casa de la tia Lucrecia, en Santa Pola. Lucrecia y Norberto eran familia de mis abuelos y compartían muchas cosas. Norberto no era muy hablador, de hecho le costaba hablar. Tenía dificultades en expresarse y cuando quería decir algo daba muchas vueltas, moviendo el cuello como si le doliera. Como todos lo conocían ya se lo veían venir, y cuando hacía eso le preguntaban hasta que se lo sacaban.

En la casa se juntaban muchos adultos, abuelos y niños, por lo que había que compartir camas. Una noche, Norberto y mi abuelo dormían en la misma cama (vaya Vd a saber porqué motivo). La casa era una casa de campo, con el retrete donde las gallinas, asi que en cada habitación tenían un orinal y en el pasillo un bidón para verter el contenido del orinal en el caso de que se llenara. Esa noche mi abuelo se despertó un par de veces para mear. La segunda vez que lo hizo tanteando cogió lo que pensó era el orinal, que además parecía que Norberto había debido vaciar ya. Cuando terminó la meada se percató de que aquello no era tal orinal, sino un lebrillo. Y es que la tía Lucrecia guardaba bajo la cama también los lebrillos con los que cocinaba y mi abuelo en el sueño de la noche lo confundió con el orinal. Pero la cosa no acabó ahí, porque Norberto oyendo a mi abuelo maldecir se despertó y se dió cuenta. Al día siguiente, Norberto no paraba de menear el cuello como si se quisiera convertir en una jirafa. Lucrecia le preguntaba pero él no hablaba ni a la de tres. Hasta que ya no pudo más y lo soltó. "Que Manuel anoche se equivocó y se meó en un lebrillo". No puedo parar de reirme al pensar en la cara de sofoco de mis abuelos, las risas de mi madre y mis tíos y los esfuerzos del pobre Norberto porque no se le notará lo que había visto la noche anterior. A pesar de aquella anécdota, siguieron pasando muchos mas años en Santa Pola.

domingo, 24 de abril de 2011

La tristeza del corredor

He terminado esta semana un libro de Haruki Murakami "De que hablo cuando hablo de correr".

Murakami cuenta, que empezó a correr al mismo tiempo que empezó a escribir en serio, tras una serie de años de empresario en diversas actividades hosteleras en Tokio.

Empezó a correr porque es de una constitución con tendencia a engordar, y dado que tendría que pasar bastantes horas de su dia a dia sentado en una silla concentrado para escribir, pensó que esa era la mejor manera de contrarrestar los efectos perniciosos que para su anatomía tendría su nueva profesión.

Desde entonces Murakami se propuso correr una maratón por año, ya que el deporte de fondo era el que consideraba se ajustaba mas a sus características físicas. Durante las varias decadas en las que ha entrenado, ha ido encontrando múltiples similitudes entre la actividad de escribir y la de correr. Ambas las hacia todos los dias salvo los que estaba enfermo o tenia alguna otra actividad que se lo impidiera. Ambas necesitaban de un talento innato, pero sin constancia es imposible desarrollarlas. Ambas se hacen en soledad, y te hacen enfrentarte contigo mismo. La lista sigue pero mejor que yo lo cuenta Murakami...

Murakami es una persona muy constante, que entrena sin desfallecer, con la fuerza de voluntad de un titan, que no abandona jamás, que es capaz de concentrarse en pequeñas cosas para resistir el sufrimiento y ademas es humilde, prudente y respetuoso con los demas. El arquetipo del corredor de fondo.

Describe de una forma excelente (en mi opinión) todo lo que siente y experimenta un deportista de fondo, la soledad, las fases de agotamiento, la adrenalina de la salida, los diversos dolores que se padecen, las etapas del entrenamiento, la desmoralizacion de no alcanzar la marca esperada..., todo, absolutamente todo lo que cuenta lo suscribo a pies juntillas.

Pero si tuviera que destacar algo de lo que narra, es lo que se llama la "tristeza del corredor". Basicamente ocurre cuando se supera un cierto limite de esfuerzo mental, cuando se han conseguido muchos de los retos que te habias planteado y al llegar a la meta en una determinada carrera en la que necesariamente no has hecho ni el peor ni el mejor tiempo, entras en una especie de depresión, como si te preguntaras ¿y ahora que?.

Recuerdo cuando me paso a mi, llevaba 4 años entrenando para la media maratón, a base de 4 y 5 dias a la semana en temporada, entrenamientos de 2 horas. El tercer año marqué mis mejores tiempos y en el cuarto me estanqué, algunas carreras estaba en mis mejores tiempos pero otras empezaba a empeorar. Lo dejé, y durante dos años no volvi a ponerme unas zapatillas de correr.

Con la perspectiva de los años, yo también he podido como Murakami (y salvando las distancias) establecer paralelismos entre mi vida y la carrera de fondo. Y es que pienso que mi vida me la he pasado corriendo, persiguiendo su sentido, y dejando atrás lugares, personas, comodidades,... Y a veces tambien huyendo, desapareciendo para volver a empezar desde cero si ha sido necesario.

Estos últimos días la vida me está pegando fuerte, sin piedad, como solo la perra vida sabe hacer, como un huracán que no sabe de física y arrolla todo a su paso. Y he intentado salir a correr para huir, para ponerme a salvo, para coger distancia, coger fuerzas y volver a salir a flote, como sea.

Pero inexplicablemente esta vez, mis piernas no responden, tengo que arrastrarlas, duelen, no se quieren mover, la respiracion está desacompasada, el corazón no bombea bien y el ritmo se dispara y sobre todo, la cabeza, lo mas importante de un deportista de fondo, no actúa, no coordina, no templa el esfuerzo ni domina la voluntad, como si no existiera. Un día le pasa a cualquiera, dos dias consecutivos son un síntoma.

Lo que siento es que por primera vez en mi vida, mi cabeza se niega a retroceder, a dar media vuelta y empezar a correr, a huir, a desaparecer, como si entendiera que ya no existen mas refugios, lugares francos en los que aislarse de todo, borrar el pánico y volver a empezar. Y a la cabeza le siguen el resto de órganos, el corazón no late mas, los pulmones dejan de hincharse, el estómago se niega a ingerir alimentos, las piernas se bloquean... Parece que a mi vida le hubiera entrado la misma "tristeza del corredor", y me preguntara a la cara: ¿y ahora que? ¿vas a volver a huir? ¿a donde? No hay mas refugios para ti.

Quizá esta vez, el corredor de fondo deba dejar de huir, cazar vela y ceñir contra el viento huracanado que sopla, y atravesarlo o dejarse la piel y el corazón en el intento.

Quizá llegó el día de dejar de correr.

viernes, 22 de abril de 2011

Las gaviotas del Carranza

El miercoles presencié por primera vez después de muchos años la apertura del puente de Carranza en Cádiz.

Hasta que acaben el segundo puente (y puede ser que eso no ocurra hasta dentro de unos añitos) el puente de Carranza es la entrada principal a Cádiz. La entrada natural, la que define a Cádiz como una peninsula, es la estrecha franja de arena que la une con San Fernando, y que supone una larga playa de varios kilometros de arena dorada, la playa de Cortadura. Ambos accesos confluyen en un unico punto.

Si la bahía recibiera un tsunami, ademas de la catástrofe del impacto, la inundación posterior dejaría Cádiz convertida en una isla, y mas de 100.000 personas quedarían a expensas de los transportes marítimos. En ese caso habría que volver a rebotar toda la saga de los Adrianos, los vapores del Puerto de Santa María, ya retirados por los modernos catamaranes, y aun asi, tendrían que hacer una bonita cola, mas que en carnavales.

El puente de Carranza es un sitio habitual de pescadores, ya que es un lugar de paso de peces desde la bahía exterior a la interior de San Fernando, por lo que se debe de coger buena pesca, al menos por el número que se concentra alli.

Pero lo que capta mi atención sobre el puente es el anemómetro que me dice cuando paso por el puente en dirección al Cano la fuerza del viento, y las gaviotas. Si las gaviotas, que se quedan colgadas en el aire mirando al viento y planean con delicadeza mientras observan el trafico pasar de un lado a otro del puente.

Al bajar el puente de nuevo y comenzar a circular, el pequeño atasco que se formó me permitió ver que las gaviotas descansan sobre la lampara de las farolas que jalonan el puente. Cada una de las farolas tenia en lo mas alto una gaviota (algunas dos) como si las hubieran puesto alli con una grúa. Mirando todas en la misma dirección, como si descansaran y esperaran a que arrancara el tráfico para volver a levantarse y comenzar su planeo.

No recordaré el miercoles santo de 2011 por la apertura del puente de Carranza, sino por el dia que comprendí que las gaviotas también se cansan de navegar.

lunes, 18 de abril de 2011

La Primavera Trompetera

Descubri la primavera hace unos 12 años, cuando marche para vivir a Madrid.

En mi tierra, gran parte del año vivimos en verano, tenemos despues 4 meses de fuerte verano, y el invierno, pues ese viene algunos dias de Enero. Aunque algunos años ni se presenta.

Cuando llegue a Madrid, y sobre todo cuando me mude a Colmenar hace casi 8 años ya, pude apreciar las 4 estaciones. El verano seco, torrido, el invierno, frio, gelido, estepario, el otoño, ventoso y lluvioso con sus colores, y sobre todo la primavera, esas 4 semanas de explosion de vida, de colores, verdes, amarillos, rojos, lilas, etc... Pero sobre todo los cientos de flores que emergen de los arboles que solo semanas atras parecian yermos.

De entre todas las plantas de la sierra, la que mas me gusta es la jara, por el olor, y tambien por sus flores blancas. Estallan en primavera, en abril hasta mayo y duran muy poco, son muy ligeras, y al igual que la jara en si son muy olorosas. Intento ir todos los años, casi siempre corriendo por un camino que asciende desde la garganta del Manzanares, al que creo que solo yo llamo "la senda de las jaras". Por su orientacion es uno de los sitios donde antes florecen las jaras. Este año tambien fui, y ahí estaban puntual a su cita.

Ayer, mientras conducia por la A5 direccion Cadiz, pase por la Comarca de la Jara, situada entre Toledo y Caceres. Al estar situada mucho mas al sur, las jaras que bordeaban la autopista estaban cuajadas de flores blancas, simbolo de la primavera de la sierra.

El olor de las jaras es el primero que recuerdo de Madrid, cuando saliamos a correr en la Academia de Ingenieros, en Hoyo de Manzanares. Sera tambien el ultimo que recuerde cuando marche.

Pense, en cuanto las echare de menos.

sábado, 12 de marzo de 2011

Superviviente

Hace unos días descubrí algunas cosas de mi familia que desconocía. Aun me parece increíble que fuera así.

Hablando con mi madre por teléfono quise saber mas de mi tío Manolo. No se porqué pregunté. Será que últimamente pienso mucho y quiero saberlo todo.

Mi tío Manolo no era marino mercante. Era sargento de la Armada. Navegaba en un submarino. Todos los sitios que visitó los hizo metido en esa urna metálica. Debe ser de los peores sitios para pasar largas temporadas que pueda haber. Quizá solo lo supera la estación espacial y los batiscafos de inmersiones profundas para trabajos subacuaticos.

El "tumor" que siempre nos habían contado del que murió mi tío se lo provoco un golpe de una caída por una escalerilla. Conociendo a mi madre se resignó. Seguramente no preguntó mas. Seguramente la Armada tampoco quería dar mas detalles. Probablemente fue un derrame cerebral por alguna maniobra que salió mal. Puede incluso que no muriera de eso pero fue lo que le contaron a la familia. Tenía exactamente 38 años cuando murió. Un año mas de los que yo tengo ahora.

Mi abuelo no lo superó. Murió exactamente el día de la misa de año por la muerte de mi tío. Un infarto. La tristeza pudo con él. Mi madre dice que ya no comía y que no levantaba cabeza. Tenía 67 años.

Fue mi abuelo el que convenció a mi tío para que se quedara en la armada tras el servicio militar. Mi abuelo no quería que mi tío fuera analfabeto como él y que tuviera que ganarse la vida como pescador, levantándose de noche para pasar todo el día en el mar, sufriendo el frío, el salitre, el sol ... para no salir de la pobreza. No me extraña que no pudiera soportar su muerte.

Preguntando se aprende, se madura, se conoce a los demás y a uno mismo, aunque no siempre todo lo que aprendemos nos trae felicidad. A veces hay que pensar que respuestas nos pueden traer ciertas preguntas.

Mi madre fue la cuarta de seis hermanos. También lo desconocía. Sólo sobrevivieron mi madre y mi tía Carmen. Fina, Maruja, Manolo, Paquita, Carmen y una sexta cuyo nombre no conozco y que murió a los 8 meses de vida.

Fina murió con 22 años. De meningitis. Era ya una moza conocida en el pueblo. Tenía un novio cuyo apellido era Zapata o algo similar. Cuando le diagnosticaron la meningitis muchos vecinos quisieron ayudarla. Por entonces existían pocos fármacos para la meningitis, ademas de que eran muy caros y solo se los podían permitir los ricos. Incluso llegaron a hacer partidos de fútbol benéficos para recoger fondos para la medicación. No pudieron ayudarle.

Maruja murió con 13 años. De una apendicitis. Algo que hoy en día se cura simplemente con llegar a tiempo al quirófano. Entonces no había hospitales cercanos y menos ambulancias como para poder llevarlos con suficiente antelación.

Mi madre debió pensar que al final se morirían todos. Mas tarde o mas temprano. No se siquiera como salió adelante. Ni mi abuela, como pudo soportar la muerte de tantos hijos tan mayores, la del único varón e inmediatamente después la de su marido. No se como no se cortó las venas.

Entiendo ahora porque mi abuela y mi madre eran tan duras. Ellas sobrevivieron a todo. Seguramente pensaron que era mejor no cogerle mucho cariño a las personas cercanas si iban a morir mas pronto que tarde. También entiendo porque mi madre no aprendió a nadar y porque le tiene miedo al mar. Su padre y su hermano mayor vivían de él y murieron. Es como si subirse a un barco garantizara una vida de desgracias. O como si nos persiguiera una maldición que también arrastrara a mi primo Tomás y a mi hermana Paqui.

Mi madre nunca me contó nada de esto. Seguramente lo ocultó por la creencia de que no era nada que tuviera que saber un niño que no conoció ni a su abuelo. Pensaría que una historia de muertes no era buena para mi.

Es la historia de mi familia. Es lo que soy, de donde vengo, donde pertenezco, para lo bueno y para lo malo. Son mis raíces, las que me definen como ser humano. Como quien soy.

Empiezo a entender muchas cosas.

viernes, 14 de enero de 2011

El mar

Esta semana la he pasado en navegando en Cadiz.

Desde este verano que aprendi a pilotar catamaranes estoy encantado con el mar.

Toda la vida varado en la arena. Toda la vida pensando que la vela era para los ricos, o para los que llevaban desde pequeñitos practicando.

Cuantos prejuicios infundados tenemos en la vida sobre muchas cosas.

Y cuanto nos perdemos por no romperlos. Te puedes pasar toda la vida sin saberlo. Incluso no averiguarlo nunca.

A veces un pequeño paso puede abrir muchisimas puertas en tu vida. Puertas que estaban cerradas desde siempre.

Me acuerdo del dia que Jose y yo nos dimos aquel paseo, en Julio, sin saber lo que vendría detrás. El martes estuvimos pensando en comprar un cata de segunda mano.

Mi abuelo era pescador. Se levantaba de noche para ir a pescar en un barco de vela latina. Volvia al atardecer para vender el pescado en la playa. De eso comieron mi madre y mis tíos desde siempre. Mi madre siempre dice que mi abuelo era muy bueno. Siempre le decía a mi abuela que le diera la cena primero a las niñas, antes que a él. Eso a pesar de pasarse todo el día soportando el frio, el sol, el salitre...

Mi tío Manolo era marino. Marino mercante. Recorrió medio mundo embarcado. Le mandaba postales a mi madre y a mi tia desde sitios tan exóticos entonces como Buenos Aires o Nueva York. Mi tio murió de cancer. No habia cumplido los 45 años.

A mis 37 años estoy descubriendo cosas de mi mismo que no sabía que estaban dentro de mi. Siempre me ha gustado el mar pero no sabía hasta que punto.

A lo mejor debería haber sido pescador o marino.

Voy a volver al mar.

martes, 4 de enero de 2011

¿Quienes son los guiris?

Cada dia me sorprenden mas. Y mira que siempre me pasa. Estas en cualquier rinconcillo de la piel de toro que crees que has descubierto en exclusiva y ahí te lo encuentras. Generalmente alemán, pero si no holandes o británico. Cerveza en mano, gafas de sol, pinta de despistado, guia de viaje o mapa de no se sabe donde. Como si llevara alli toda la vida y te preguntas con cara de idiota: "¿pero en que hora a este hombre se le habrá ocurrido venir de Baviera a este rincón del culo del mundo?".

Hace unos años me paso una que recordaré toda la vida. Fue en mi viaje a Cuba. Estabamos alojados en casa de Carlos, conseguidor y maquinador de primera, en la Habana Vieja. Te conseguia lo que hicera falta, alojamiento, transporte, sitio donde comer, que comprar y si decidias tirarte al lado oscuro sin problemas tambien. A tu criterio, con toda confianza. Ya estábamos de vuelta, habiamos hecho ya el tour con las bicis por la parte occidental de la isla, ya no nos asombrabamos de nada de lo que veiamos en ese bendito pais. Pues en esas Carlos recibió la visita de una amiga que emigró a Hamburgo casada con un aleman hacia ya 12 años.

Estando la pareja alli nos pusimos a hablar con ellos. El marido, cuyo español era excelente, estuvo alli trabajando unos años y se llevo a Cuba en el corazón y a la mujer en el avión de vuelta a Hamburgo. Ella estaba encantada con volver a Cuba ... de vacaciones.

Asi como estabamos buscando actividad para la noche y ya que no habiamos ido a la zona de Vedado, el hamburgues (que no hamburguesa) se permitió recomendarnos un restaurante que no nos defraudaria: La Roca. Precio módico y excelente calidad. Carlos no lo conocía, lo cual ya nos sorprendió, pero oye, con dirección exacta y todo, quien se puede negar.

Asi que nos pillamos un taxi para todos que nos llevó a Vedado y alli nos plantamos. En la puerta como siempre nos entró la duda por los neones y metales decadentes de los años cincuenta tan típicos de la Habana. Pero que narices, ya habiamos visto alli de todo. Asi que entramos.

El lugar espectacular. Con piano. Lujo decadente. Camareros ataviados con levita. Mesas como para la fiesta de Nochevieja. Musica en directo. Parecía que el mismo Dean Martin fuera a aparecer de un momento a otro por alli. Menu completo cubano: frijoles, pollo o cerdo y de postre helado. 4 pesos convertibles por cabeza, el equivalente a 4 dólares, bebida incluida. Insuperable. Ni que decir tiene que nos pasamos toda la cena riendonos y preguntándonos como puñetas el hamburgués había encontrado este sitio "Dem Deutschen Volke".

Hace un par de dias hice una ruta con Rut por la Vall de Laguar, cerca de Denia. Una zona llena de desafiantes crestas y tremendos barrancos. sin grandes alturas pero de gran riqueza visual y vegetal. La ruta salia del pueblo de Benimaurell y acababa alli mismo recorriendo la Serra del Penyal cruzando a la Vall de Pop y regresando a través del Coll de Garga.

A la hora aproximadamente de la salida alcanzamos la cima del cordal que nos permitió tomar las vistas ya de la Vall de Pop y de las sierras que lo delimitan al sur, con el imponente Cucoll de 1.048 mts de altura como pico de referencia. Por el mismo cordal, y viniendo desde levante, aparecieron un grupo de 8 o 10 guiris con su pinta despistada clásica, con uno de ellos a la cabeza, con aspecto de llevar ya un rato bueno dandole al zancajo. Por razones que no vienen al caso los dejamos pasar y a una prudente distancia retomamos nuestro camino que coincidia con el suyo.

Asi andamos un rato, hasta que poco antes de llegar a una bifuracion donde debiamos bajar hacia el sur, los perdimos de vista y ya no le dimos mas importancia, pensamos que se habían vuelto por otra via. Seguimos nuestra excursión bajando y atravesando un barranco, disfrutando de los diferentes tipos de vegetación y flora de la zona recorriendo la distancia que nos quedaba hasta recuperar altura y llegar al Coll de Garga donde volviamos a entrar en la Vall de Laguar.

Al llegar al collado, sitio accesible en coche, nos encontramos con la maravillosa sorpresa de una venta, con unas vistas increibles, con una chimenea que invitaba a refugiarse alli y con unos cercos para cabras y burros que da mucho juego para niños ... y para adultos tambien.

Pero la sorpresa no acabó ahí no. Justo entrábamos nosotros nos encontramos saliendo al mismo grupo de guiris que habíamos dejado horas atrás, recién comiditos. Pero lo mejor es que iban cambiados de ropa y todo. A lo grande si señor. Con la misma cara de despistados. De la misma Baviera, o de un suburbio de Leeds, o del norte de Zelanda, hinchados a cultivar flores. Increible. Si me pellizcan no sangro.

Disfrutando de una cerveza solo nos quedó por preguntarnos como era posible que siempre fueran un paso por delante nuestra, en nuestra propia tierra, delante de nuestras narices. Quizá seamos nosotros los guiris despues de todo.

lunes, 3 de enero de 2011

Subida al Puigcampana

Hace muchos años que queria hacerlo. No se porque no comence antes.

El dia de año nuevo es muy especial. Es el primer dia de un nuevo año en tu vida. Es el día que puedes comenzar otra vez, que puedes proponertelo de nuevo, el dia que reinicias tu contador.

¿Por qué entonces nos empeñamos en pasarnoslo durmiendo y con resaca?

Este año, al igual que ya hice el pasado y amenaza en convertirse en una tradición, he subido a la montaña. El año pasado fue Cazorla, este año ha sido el Puigcampana.

El Puigcampana es la típica gran cima levantina. Caliza, elevada desproporcionadamente del entorno, con grandes desniveles, capaz de cambiar el clima del entorno. No tiene el honor de ser ni la cima mas alta de la provincia de Alicante, éste recae en el pico de Aitana, pero frente a ésta carece de pistas asfaltadas que te suban a la cima. Si quieres subir, 1.100 mts de desnivel a pie, 500 mts por la cara sur (o norte da igual) de los que te acuerdas de ellos al subir, al bajar y en tu casa con las piernas en alto. En la cumbre las vistas son impresionantes (hoy desgraciadamente he disfrutado poco, estaba totalmente envuelto en nubes), en un dia claro dicen que se puede ver Ibiza, no digo mas.

Pero éste es ademas de los que engancha. Hoy me he encontrado con una docena de personas subiendo. Gracias a los mantenedores del libro de visitas con los que también me he cruzado me he enterado que casi todos los que subían eran conocidos que repetían año tras año. Como una tradición. Gente en solitario, o en parejas, o con su perro, sudando la gota gorda, protegiendose en la cima del viento. Seguramente cada uno tenía sus motivos, sus pensamientos, sus anhelos, sus recuerdos,... Y todos desplegados sobre una impresionante montaña.

Yo he tenido de todo un poco, momentos para el esfuerzo, para el calor y para el frio, para disfrutar de las vistas, y de la vegetación, para charlar con gente y meditar en solitario. Sobre el pasado, sobre el presente, sobre el futuro. Sobre lo que fue y lo que quiero que sea. Sobre mis miedos. Sobre mis defectos y sobre mis virtudes. Sobre los planes del nuevo año, sobre los planes de mi nueva vida. Poniendo el contador a cero, y las baterias a 100.

Tras la ascensión al Puigcampana puse rumbo hacia la costa, hacia la playa de Vergel, y alli me di un fantástico paseo por la orilla de la playa aprovechando el anochecer, escuchando el rumor de las olas, oliendo el salitre y lavandome la cara con el agua del mar, mientras esperaba a la mujer que quiero.

Estaba donde quería estar. Estaba en casa. Y estoy comenzando de nuevo.