Cada dia me sorprenden mas. Y mira que siempre me pasa. Estas en cualquier rinconcillo de la piel de toro que crees que has descubierto en exclusiva y ahí te lo encuentras. Generalmente alemán, pero si no holandes o británico. Cerveza en mano, gafas de sol, pinta de despistado, guia de viaje o mapa de no se sabe donde. Como si llevara alli toda la vida y te preguntas con cara de idiota: "¿pero en que hora a este hombre se le habrá ocurrido venir de Baviera a este rincón del culo del mundo?".
Hace unos años me paso una que recordaré toda la vida. Fue en mi viaje a Cuba. Estabamos alojados en casa de Carlos, conseguidor y maquinador de primera, en la Habana Vieja. Te conseguia lo que hicera falta, alojamiento, transporte, sitio donde comer, que comprar y si decidias tirarte al lado oscuro sin problemas tambien. A tu criterio, con toda confianza. Ya estábamos de vuelta, habiamos hecho ya el tour con las bicis por la parte occidental de la isla, ya no nos asombrabamos de nada de lo que veiamos en ese bendito pais. Pues en esas Carlos recibió la visita de una amiga que emigró a Hamburgo casada con un aleman hacia ya 12 años.
Estando la pareja alli nos pusimos a hablar con ellos. El marido, cuyo español era excelente, estuvo alli trabajando unos años y se llevo a Cuba en el corazón y a la mujer en el avión de vuelta a Hamburgo. Ella estaba encantada con volver a Cuba ... de vacaciones.
Asi como estabamos buscando actividad para la noche y ya que no habiamos ido a la zona de Vedado, el hamburgues (que no hamburguesa) se permitió recomendarnos un restaurante que no nos defraudaria: La Roca. Precio módico y excelente calidad. Carlos no lo conocía, lo cual ya nos sorprendió, pero oye, con dirección exacta y todo, quien se puede negar.
Asi que nos pillamos un taxi para todos que nos llevó a Vedado y alli nos plantamos. En la puerta como siempre nos entró la duda por los neones y metales decadentes de los años cincuenta tan típicos de la Habana. Pero que narices, ya habiamos visto alli de todo. Asi que entramos.
El lugar espectacular. Con piano. Lujo decadente. Camareros ataviados con levita. Mesas como para la fiesta de Nochevieja. Musica en directo. Parecía que el mismo Dean Martin fuera a aparecer de un momento a otro por alli. Menu completo cubano: frijoles, pollo o cerdo y de postre helado. 4 pesos convertibles por cabeza, el equivalente a 4 dólares, bebida incluida. Insuperable. Ni que decir tiene que nos pasamos toda la cena riendonos y preguntándonos como puñetas el hamburgués había encontrado este sitio "Dem Deutschen Volke".
Hace un par de dias hice una ruta con Rut por la Vall de Laguar, cerca de Denia. Una zona llena de desafiantes crestas y tremendos barrancos. sin grandes alturas pero de gran riqueza visual y vegetal. La ruta salia del pueblo de Benimaurell y acababa alli mismo recorriendo la Serra del Penyal cruzando a la Vall de Pop y regresando a través del Coll de Garga.
A la hora aproximadamente de la salida alcanzamos la cima del cordal que nos permitió tomar las vistas ya de la Vall de Pop y de las sierras que lo delimitan al sur, con el imponente Cucoll de 1.048 mts de altura como pico de referencia. Por el mismo cordal, y viniendo desde levante, aparecieron un grupo de 8 o 10 guiris con su pinta despistada clásica, con uno de ellos a la cabeza, con aspecto de llevar ya un rato bueno dandole al zancajo. Por razones que no vienen al caso los dejamos pasar y a una prudente distancia retomamos nuestro camino que coincidia con el suyo.
Asi andamos un rato, hasta que poco antes de llegar a una bifuracion donde debiamos bajar hacia el sur, los perdimos de vista y ya no le dimos mas importancia, pensamos que se habían vuelto por otra via. Seguimos nuestra excursión bajando y atravesando un barranco, disfrutando de los diferentes tipos de vegetación y flora de la zona recorriendo la distancia que nos quedaba hasta recuperar altura y llegar al Coll de Garga donde volviamos a entrar en la Vall de Laguar.
Al llegar al collado, sitio accesible en coche, nos encontramos con la maravillosa sorpresa de una venta, con unas vistas increibles, con una chimenea que invitaba a refugiarse alli y con unos cercos para cabras y burros que da mucho juego para niños ... y para adultos tambien.
Pero la sorpresa no acabó ahí no. Justo entrábamos nosotros nos encontramos saliendo al mismo grupo de guiris que habíamos dejado horas atrás, recién comiditos. Pero lo mejor es que iban cambiados de ropa y todo. A lo grande si señor. Con la misma cara de despistados. De la misma Baviera, o de un suburbio de Leeds, o del norte de Zelanda, hinchados a cultivar flores. Increible. Si me pellizcan no sangro.
Disfrutando de una cerveza solo nos quedó por preguntarnos como era posible que siempre fueran un paso por delante nuestra, en nuestra propia tierra, delante de nuestras narices. Quizá seamos nosotros los guiris despues de todo.
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