sábado, 12 de marzo de 2011

Superviviente

Hace unos días descubrí algunas cosas de mi familia que desconocía. Aun me parece increíble que fuera así.

Hablando con mi madre por teléfono quise saber mas de mi tío Manolo. No se porqué pregunté. Será que últimamente pienso mucho y quiero saberlo todo.

Mi tío Manolo no era marino mercante. Era sargento de la Armada. Navegaba en un submarino. Todos los sitios que visitó los hizo metido en esa urna metálica. Debe ser de los peores sitios para pasar largas temporadas que pueda haber. Quizá solo lo supera la estación espacial y los batiscafos de inmersiones profundas para trabajos subacuaticos.

El "tumor" que siempre nos habían contado del que murió mi tío se lo provoco un golpe de una caída por una escalerilla. Conociendo a mi madre se resignó. Seguramente no preguntó mas. Seguramente la Armada tampoco quería dar mas detalles. Probablemente fue un derrame cerebral por alguna maniobra que salió mal. Puede incluso que no muriera de eso pero fue lo que le contaron a la familia. Tenía exactamente 38 años cuando murió. Un año mas de los que yo tengo ahora.

Mi abuelo no lo superó. Murió exactamente el día de la misa de año por la muerte de mi tío. Un infarto. La tristeza pudo con él. Mi madre dice que ya no comía y que no levantaba cabeza. Tenía 67 años.

Fue mi abuelo el que convenció a mi tío para que se quedara en la armada tras el servicio militar. Mi abuelo no quería que mi tío fuera analfabeto como él y que tuviera que ganarse la vida como pescador, levantándose de noche para pasar todo el día en el mar, sufriendo el frío, el salitre, el sol ... para no salir de la pobreza. No me extraña que no pudiera soportar su muerte.

Preguntando se aprende, se madura, se conoce a los demás y a uno mismo, aunque no siempre todo lo que aprendemos nos trae felicidad. A veces hay que pensar que respuestas nos pueden traer ciertas preguntas.

Mi madre fue la cuarta de seis hermanos. También lo desconocía. Sólo sobrevivieron mi madre y mi tía Carmen. Fina, Maruja, Manolo, Paquita, Carmen y una sexta cuyo nombre no conozco y que murió a los 8 meses de vida.

Fina murió con 22 años. De meningitis. Era ya una moza conocida en el pueblo. Tenía un novio cuyo apellido era Zapata o algo similar. Cuando le diagnosticaron la meningitis muchos vecinos quisieron ayudarla. Por entonces existían pocos fármacos para la meningitis, ademas de que eran muy caros y solo se los podían permitir los ricos. Incluso llegaron a hacer partidos de fútbol benéficos para recoger fondos para la medicación. No pudieron ayudarle.

Maruja murió con 13 años. De una apendicitis. Algo que hoy en día se cura simplemente con llegar a tiempo al quirófano. Entonces no había hospitales cercanos y menos ambulancias como para poder llevarlos con suficiente antelación.

Mi madre debió pensar que al final se morirían todos. Mas tarde o mas temprano. No se siquiera como salió adelante. Ni mi abuela, como pudo soportar la muerte de tantos hijos tan mayores, la del único varón e inmediatamente después la de su marido. No se como no se cortó las venas.

Entiendo ahora porque mi abuela y mi madre eran tan duras. Ellas sobrevivieron a todo. Seguramente pensaron que era mejor no cogerle mucho cariño a las personas cercanas si iban a morir mas pronto que tarde. También entiendo porque mi madre no aprendió a nadar y porque le tiene miedo al mar. Su padre y su hermano mayor vivían de él y murieron. Es como si subirse a un barco garantizara una vida de desgracias. O como si nos persiguiera una maldición que también arrastrara a mi primo Tomás y a mi hermana Paqui.

Mi madre nunca me contó nada de esto. Seguramente lo ocultó por la creencia de que no era nada que tuviera que saber un niño que no conoció ni a su abuelo. Pensaría que una historia de muertes no era buena para mi.

Es la historia de mi familia. Es lo que soy, de donde vengo, donde pertenezco, para lo bueno y para lo malo. Son mis raíces, las que me definen como ser humano. Como quien soy.

Empiezo a entender muchas cosas.