domingo, 20 de enero de 2013

Shop dance

Mi amigo Roberto ya me lo decía. "Chico, ¿tu no sales mucho verdad?" Y es que nos pasa a todos al avanzar la edad, en cuanto sales a tomar unas cañas o unas copas, ¡zas! ahí estas a las 6 de la tarde copa en mano en cualquier pub moviendo los pies. Para que vas a esperar, a las 9 ya estás en casa y ya hace años que te deshinibiste y perdiste el decoro. Con dos copas mas los brazos en alto ¡ no pares, sigue, sigue ! vamos lo que dice mi amigo Roberto ...
En mi caso ya he superado una escalón mas. Ni copas ni nada. Con el hilo musical de cualquier tienda me arranco. Y a la hora que sea. Al principio fue en algunas secciones del Corte Inglés, luego en una cadena de perfumerías, después en el Mango, mas tarde en un almacén chino y de ahí a tiendas aún mas pequeñas. Claro, de tanto baile, algún dependiente se percata y no veas que cara se le queda. Debo estar muy cómico porque la mayoría se ríen para sus adentros y siguen doblando ropa.
Estoy pensando en que puede haber un caso de negocio en esto. Pon algo de tomar y elige la música para el tipo de público comprador al que quieres que vaya tu producto y no hay color ... clientes a cascoporro todo el día. Me extraña que Amancio Ortega no lo haya visto ya.

jueves, 13 de septiembre de 2012

La butterfly pillow

Me encantan los programas de la tele donde se rememoran esos productos que durante una temporada fueron éxito absoluto de crítica y público (no se si puede decir lo mismo de las ventas) y que un día de pronto desaparecen y nadie mas se acuerda de ellos. Vamos, lo que sería ser "trending topic" en twitter por unos meses.

Seguro que todos conocemos alguno. Quien no se acuerda de la ciclostatic, de las pulseras magnéticas o de la yogurtera. La de yogures que te casca tu madre hasta que se autoconvence que solo con la leche que gasta al hacerlos paga el paquete de 12 en el super. Entre todos estos grandes olvidados hay uno que me persigue particularmente en mis noches de imsomnio: la butterfly pillow. ¿Os acordais? Ese almohadón en forma de pajarita o mariposa que te dejaba la espalda como nueva tras una noche de descanso con ella. Estuvo hasta en la sopa. Anuncios arriba y abajo en TV, el Corte Inglés inundado, la radio día y noche. En el barrio no eras nadie si no tenías una. Y nada de imitaciones, solo la original, porque su diseño único aseguraba noches de descanso y reparación a toda la familia. ¿Y quien no iba a querer eso para los suyos?

Después salieron modelos mas avanzados y sofisticados que incorporaban nuevos materiales y distintas texturas y formas que superaban el modelo original. Incluso hoy en día si te vas a comprar una almohada de las de viaje puedes ver la fuerte influencia de la butterfly pillow en todas las formas anatómicas que te encuentras y entre las que debes elegir. Circulares, tubulares, en forma de U, reforzadas en la base, etc...

En mi caso particular, la butterfly pillow era de poca utilidad. Yo soy de los que duermo con almohada o sin ella según venga y aun usando es posible que ésta acabe en el suelo. Mi sueño es muy marchoso, asi que aunque mi madre estuvo tentada sucesivamente a comprarla, negó mas que Pedro y no la catamos.

Un día, como todos sus antecesores y sucesores de productos revolucionarios, simplemente desapareció. Y hoy es dificil de encontrar. En los últimos años he pasado sucesivas veces por tiendas de camas y ni rastro de ella. Como si no hubiera existido. Res de res. Nasti de plasti. Vas a comprar una almohada y nada, modelos de lo mas tradicionales, tipo salchicha de toda la vida. Te ofrecen los mismos materiales con los que se construyó la estación espacial o el telescopio Hubble pero en cuanto a forma, modelo único. Café para todos.





miércoles, 17 de agosto de 2011

La tia quitagustos

Hoy mi madre ha contado nuevas historias de sus padres. Historias de otra época.

No existían mochilas, o como mi madre las llama macutos. Los pescadores y hombres del campo se hacían bolsas con esparto. Con su saquito principal y sus bolsillos laterales. Le ponían tapas y todo tambien de esparto y hasta sus botones para cerrarlas. Le cosian tiras y se las prendían en la espalda. Ahi metían los aperos, las ropas y lo que llevaran para las jornadas de trabajo. Las conocían como "barzas".

Las mujeres iban a llevarles comida cuando volvían a puerto con lo que hubieran pescado. Cuenta mi madre que entre los muchos hombres de mar habia una mujer que era algo tacaña. Cuando les traia comida a sus hijos era siempre un poco escasa. Hasta que un día les trajo unas manzanas que parecian mas bien olivas gordales. Imagina esos hombres curtidos de sol y salitre, todo el día desde la madrugada bregando en el mar para traer el pan a casa y que de postre les traen esas manzanas, no pudieron mas que hacerselo ver a su madre, a lo que ella les respondió: "¡Pero si son para quitarse el gusto!". Con la tía quitagustos se quedó.

Pero la que me ha hecho reirme de verdad ha sido la historia del lebrillo. Mi madre y mis tios de pequeños pasaban temporadas en casa de la tia Lucrecia, en Santa Pola. Lucrecia y Norberto eran familia de mis abuelos y compartían muchas cosas. Norberto no era muy hablador, de hecho le costaba hablar. Tenía dificultades en expresarse y cuando quería decir algo daba muchas vueltas, moviendo el cuello como si le doliera. Como todos lo conocían ya se lo veían venir, y cuando hacía eso le preguntaban hasta que se lo sacaban.

En la casa se juntaban muchos adultos, abuelos y niños, por lo que había que compartir camas. Una noche, Norberto y mi abuelo dormían en la misma cama (vaya Vd a saber porqué motivo). La casa era una casa de campo, con el retrete donde las gallinas, asi que en cada habitación tenían un orinal y en el pasillo un bidón para verter el contenido del orinal en el caso de que se llenara. Esa noche mi abuelo se despertó un par de veces para mear. La segunda vez que lo hizo tanteando cogió lo que pensó era el orinal, que además parecía que Norberto había debido vaciar ya. Cuando terminó la meada se percató de que aquello no era tal orinal, sino un lebrillo. Y es que la tía Lucrecia guardaba bajo la cama también los lebrillos con los que cocinaba y mi abuelo en el sueño de la noche lo confundió con el orinal. Pero la cosa no acabó ahí, porque Norberto oyendo a mi abuelo maldecir se despertó y se dió cuenta. Al día siguiente, Norberto no paraba de menear el cuello como si se quisiera convertir en una jirafa. Lucrecia le preguntaba pero él no hablaba ni a la de tres. Hasta que ya no pudo más y lo soltó. "Que Manuel anoche se equivocó y se meó en un lebrillo". No puedo parar de reirme al pensar en la cara de sofoco de mis abuelos, las risas de mi madre y mis tíos y los esfuerzos del pobre Norberto porque no se le notará lo que había visto la noche anterior. A pesar de aquella anécdota, siguieron pasando muchos mas años en Santa Pola.

domingo, 24 de abril de 2011

La tristeza del corredor

He terminado esta semana un libro de Haruki Murakami "De que hablo cuando hablo de correr".

Murakami cuenta, que empezó a correr al mismo tiempo que empezó a escribir en serio, tras una serie de años de empresario en diversas actividades hosteleras en Tokio.

Empezó a correr porque es de una constitución con tendencia a engordar, y dado que tendría que pasar bastantes horas de su dia a dia sentado en una silla concentrado para escribir, pensó que esa era la mejor manera de contrarrestar los efectos perniciosos que para su anatomía tendría su nueva profesión.

Desde entonces Murakami se propuso correr una maratón por año, ya que el deporte de fondo era el que consideraba se ajustaba mas a sus características físicas. Durante las varias decadas en las que ha entrenado, ha ido encontrando múltiples similitudes entre la actividad de escribir y la de correr. Ambas las hacia todos los dias salvo los que estaba enfermo o tenia alguna otra actividad que se lo impidiera. Ambas necesitaban de un talento innato, pero sin constancia es imposible desarrollarlas. Ambas se hacen en soledad, y te hacen enfrentarte contigo mismo. La lista sigue pero mejor que yo lo cuenta Murakami...

Murakami es una persona muy constante, que entrena sin desfallecer, con la fuerza de voluntad de un titan, que no abandona jamás, que es capaz de concentrarse en pequeñas cosas para resistir el sufrimiento y ademas es humilde, prudente y respetuoso con los demas. El arquetipo del corredor de fondo.

Describe de una forma excelente (en mi opinión) todo lo que siente y experimenta un deportista de fondo, la soledad, las fases de agotamiento, la adrenalina de la salida, los diversos dolores que se padecen, las etapas del entrenamiento, la desmoralizacion de no alcanzar la marca esperada..., todo, absolutamente todo lo que cuenta lo suscribo a pies juntillas.

Pero si tuviera que destacar algo de lo que narra, es lo que se llama la "tristeza del corredor". Basicamente ocurre cuando se supera un cierto limite de esfuerzo mental, cuando se han conseguido muchos de los retos que te habias planteado y al llegar a la meta en una determinada carrera en la que necesariamente no has hecho ni el peor ni el mejor tiempo, entras en una especie de depresión, como si te preguntaras ¿y ahora que?.

Recuerdo cuando me paso a mi, llevaba 4 años entrenando para la media maratón, a base de 4 y 5 dias a la semana en temporada, entrenamientos de 2 horas. El tercer año marqué mis mejores tiempos y en el cuarto me estanqué, algunas carreras estaba en mis mejores tiempos pero otras empezaba a empeorar. Lo dejé, y durante dos años no volvi a ponerme unas zapatillas de correr.

Con la perspectiva de los años, yo también he podido como Murakami (y salvando las distancias) establecer paralelismos entre mi vida y la carrera de fondo. Y es que pienso que mi vida me la he pasado corriendo, persiguiendo su sentido, y dejando atrás lugares, personas, comodidades,... Y a veces tambien huyendo, desapareciendo para volver a empezar desde cero si ha sido necesario.

Estos últimos días la vida me está pegando fuerte, sin piedad, como solo la perra vida sabe hacer, como un huracán que no sabe de física y arrolla todo a su paso. Y he intentado salir a correr para huir, para ponerme a salvo, para coger distancia, coger fuerzas y volver a salir a flote, como sea.

Pero inexplicablemente esta vez, mis piernas no responden, tengo que arrastrarlas, duelen, no se quieren mover, la respiracion está desacompasada, el corazón no bombea bien y el ritmo se dispara y sobre todo, la cabeza, lo mas importante de un deportista de fondo, no actúa, no coordina, no templa el esfuerzo ni domina la voluntad, como si no existiera. Un día le pasa a cualquiera, dos dias consecutivos son un síntoma.

Lo que siento es que por primera vez en mi vida, mi cabeza se niega a retroceder, a dar media vuelta y empezar a correr, a huir, a desaparecer, como si entendiera que ya no existen mas refugios, lugares francos en los que aislarse de todo, borrar el pánico y volver a empezar. Y a la cabeza le siguen el resto de órganos, el corazón no late mas, los pulmones dejan de hincharse, el estómago se niega a ingerir alimentos, las piernas se bloquean... Parece que a mi vida le hubiera entrado la misma "tristeza del corredor", y me preguntara a la cara: ¿y ahora que? ¿vas a volver a huir? ¿a donde? No hay mas refugios para ti.

Quizá esta vez, el corredor de fondo deba dejar de huir, cazar vela y ceñir contra el viento huracanado que sopla, y atravesarlo o dejarse la piel y el corazón en el intento.

Quizá llegó el día de dejar de correr.

viernes, 22 de abril de 2011

Las gaviotas del Carranza

El miercoles presencié por primera vez después de muchos años la apertura del puente de Carranza en Cádiz.

Hasta que acaben el segundo puente (y puede ser que eso no ocurra hasta dentro de unos añitos) el puente de Carranza es la entrada principal a Cádiz. La entrada natural, la que define a Cádiz como una peninsula, es la estrecha franja de arena que la une con San Fernando, y que supone una larga playa de varios kilometros de arena dorada, la playa de Cortadura. Ambos accesos confluyen en un unico punto.

Si la bahía recibiera un tsunami, ademas de la catástrofe del impacto, la inundación posterior dejaría Cádiz convertida en una isla, y mas de 100.000 personas quedarían a expensas de los transportes marítimos. En ese caso habría que volver a rebotar toda la saga de los Adrianos, los vapores del Puerto de Santa María, ya retirados por los modernos catamaranes, y aun asi, tendrían que hacer una bonita cola, mas que en carnavales.

El puente de Carranza es un sitio habitual de pescadores, ya que es un lugar de paso de peces desde la bahía exterior a la interior de San Fernando, por lo que se debe de coger buena pesca, al menos por el número que se concentra alli.

Pero lo que capta mi atención sobre el puente es el anemómetro que me dice cuando paso por el puente en dirección al Cano la fuerza del viento, y las gaviotas. Si las gaviotas, que se quedan colgadas en el aire mirando al viento y planean con delicadeza mientras observan el trafico pasar de un lado a otro del puente.

Al bajar el puente de nuevo y comenzar a circular, el pequeño atasco que se formó me permitió ver que las gaviotas descansan sobre la lampara de las farolas que jalonan el puente. Cada una de las farolas tenia en lo mas alto una gaviota (algunas dos) como si las hubieran puesto alli con una grúa. Mirando todas en la misma dirección, como si descansaran y esperaran a que arrancara el tráfico para volver a levantarse y comenzar su planeo.

No recordaré el miercoles santo de 2011 por la apertura del puente de Carranza, sino por el dia que comprendí que las gaviotas también se cansan de navegar.

lunes, 18 de abril de 2011

La Primavera Trompetera

Descubri la primavera hace unos 12 años, cuando marche para vivir a Madrid.

En mi tierra, gran parte del año vivimos en verano, tenemos despues 4 meses de fuerte verano, y el invierno, pues ese viene algunos dias de Enero. Aunque algunos años ni se presenta.

Cuando llegue a Madrid, y sobre todo cuando me mude a Colmenar hace casi 8 años ya, pude apreciar las 4 estaciones. El verano seco, torrido, el invierno, frio, gelido, estepario, el otoño, ventoso y lluvioso con sus colores, y sobre todo la primavera, esas 4 semanas de explosion de vida, de colores, verdes, amarillos, rojos, lilas, etc... Pero sobre todo los cientos de flores que emergen de los arboles que solo semanas atras parecian yermos.

De entre todas las plantas de la sierra, la que mas me gusta es la jara, por el olor, y tambien por sus flores blancas. Estallan en primavera, en abril hasta mayo y duran muy poco, son muy ligeras, y al igual que la jara en si son muy olorosas. Intento ir todos los años, casi siempre corriendo por un camino que asciende desde la garganta del Manzanares, al que creo que solo yo llamo "la senda de las jaras". Por su orientacion es uno de los sitios donde antes florecen las jaras. Este año tambien fui, y ahí estaban puntual a su cita.

Ayer, mientras conducia por la A5 direccion Cadiz, pase por la Comarca de la Jara, situada entre Toledo y Caceres. Al estar situada mucho mas al sur, las jaras que bordeaban la autopista estaban cuajadas de flores blancas, simbolo de la primavera de la sierra.

El olor de las jaras es el primero que recuerdo de Madrid, cuando saliamos a correr en la Academia de Ingenieros, en Hoyo de Manzanares. Sera tambien el ultimo que recuerde cuando marche.

Pense, en cuanto las echare de menos.

sábado, 12 de marzo de 2011

Superviviente

Hace unos días descubrí algunas cosas de mi familia que desconocía. Aun me parece increíble que fuera así.

Hablando con mi madre por teléfono quise saber mas de mi tío Manolo. No se porqué pregunté. Será que últimamente pienso mucho y quiero saberlo todo.

Mi tío Manolo no era marino mercante. Era sargento de la Armada. Navegaba en un submarino. Todos los sitios que visitó los hizo metido en esa urna metálica. Debe ser de los peores sitios para pasar largas temporadas que pueda haber. Quizá solo lo supera la estación espacial y los batiscafos de inmersiones profundas para trabajos subacuaticos.

El "tumor" que siempre nos habían contado del que murió mi tío se lo provoco un golpe de una caída por una escalerilla. Conociendo a mi madre se resignó. Seguramente no preguntó mas. Seguramente la Armada tampoco quería dar mas detalles. Probablemente fue un derrame cerebral por alguna maniobra que salió mal. Puede incluso que no muriera de eso pero fue lo que le contaron a la familia. Tenía exactamente 38 años cuando murió. Un año mas de los que yo tengo ahora.

Mi abuelo no lo superó. Murió exactamente el día de la misa de año por la muerte de mi tío. Un infarto. La tristeza pudo con él. Mi madre dice que ya no comía y que no levantaba cabeza. Tenía 67 años.

Fue mi abuelo el que convenció a mi tío para que se quedara en la armada tras el servicio militar. Mi abuelo no quería que mi tío fuera analfabeto como él y que tuviera que ganarse la vida como pescador, levantándose de noche para pasar todo el día en el mar, sufriendo el frío, el salitre, el sol ... para no salir de la pobreza. No me extraña que no pudiera soportar su muerte.

Preguntando se aprende, se madura, se conoce a los demás y a uno mismo, aunque no siempre todo lo que aprendemos nos trae felicidad. A veces hay que pensar que respuestas nos pueden traer ciertas preguntas.

Mi madre fue la cuarta de seis hermanos. También lo desconocía. Sólo sobrevivieron mi madre y mi tía Carmen. Fina, Maruja, Manolo, Paquita, Carmen y una sexta cuyo nombre no conozco y que murió a los 8 meses de vida.

Fina murió con 22 años. De meningitis. Era ya una moza conocida en el pueblo. Tenía un novio cuyo apellido era Zapata o algo similar. Cuando le diagnosticaron la meningitis muchos vecinos quisieron ayudarla. Por entonces existían pocos fármacos para la meningitis, ademas de que eran muy caros y solo se los podían permitir los ricos. Incluso llegaron a hacer partidos de fútbol benéficos para recoger fondos para la medicación. No pudieron ayudarle.

Maruja murió con 13 años. De una apendicitis. Algo que hoy en día se cura simplemente con llegar a tiempo al quirófano. Entonces no había hospitales cercanos y menos ambulancias como para poder llevarlos con suficiente antelación.

Mi madre debió pensar que al final se morirían todos. Mas tarde o mas temprano. No se siquiera como salió adelante. Ni mi abuela, como pudo soportar la muerte de tantos hijos tan mayores, la del único varón e inmediatamente después la de su marido. No se como no se cortó las venas.

Entiendo ahora porque mi abuela y mi madre eran tan duras. Ellas sobrevivieron a todo. Seguramente pensaron que era mejor no cogerle mucho cariño a las personas cercanas si iban a morir mas pronto que tarde. También entiendo porque mi madre no aprendió a nadar y porque le tiene miedo al mar. Su padre y su hermano mayor vivían de él y murieron. Es como si subirse a un barco garantizara una vida de desgracias. O como si nos persiguiera una maldición que también arrastrara a mi primo Tomás y a mi hermana Paqui.

Mi madre nunca me contó nada de esto. Seguramente lo ocultó por la creencia de que no era nada que tuviera que saber un niño que no conoció ni a su abuelo. Pensaría que una historia de muertes no era buena para mi.

Es la historia de mi familia. Es lo que soy, de donde vengo, donde pertenezco, para lo bueno y para lo malo. Son mis raíces, las que me definen como ser humano. Como quien soy.

Empiezo a entender muchas cosas.