He terminado esta semana un libro de Haruki Murakami "De que hablo cuando hablo de correr".
Murakami cuenta, que empezó a correr al mismo tiempo que empezó a escribir en serio, tras una serie de años de empresario en diversas actividades hosteleras en Tokio.
Empezó a correr porque es de una constitución con tendencia a engordar, y dado que tendría que pasar bastantes horas de su dia a dia sentado en una silla concentrado para escribir, pensó que esa era la mejor manera de contrarrestar los efectos perniciosos que para su anatomía tendría su nueva profesión.
Desde entonces Murakami se propuso correr una maratón por año, ya que el deporte de fondo era el que consideraba se ajustaba mas a sus características físicas. Durante las varias decadas en las que ha entrenado, ha ido encontrando múltiples similitudes entre la actividad de escribir y la de correr. Ambas las hacia todos los dias salvo los que estaba enfermo o tenia alguna otra actividad que se lo impidiera. Ambas necesitaban de un talento innato, pero sin constancia es imposible desarrollarlas. Ambas se hacen en soledad, y te hacen enfrentarte contigo mismo. La lista sigue pero mejor que yo lo cuenta Murakami...
Murakami es una persona muy constante, que entrena sin desfallecer, con la fuerza de voluntad de un titan, que no abandona jamás, que es capaz de concentrarse en pequeñas cosas para resistir el sufrimiento y ademas es humilde, prudente y respetuoso con los demas. El arquetipo del corredor de fondo.
Describe de una forma excelente (en mi opinión) todo lo que siente y experimenta un deportista de fondo, la soledad, las fases de agotamiento, la adrenalina de la salida, los diversos dolores que se padecen, las etapas del entrenamiento, la desmoralizacion de no alcanzar la marca esperada..., todo, absolutamente todo lo que cuenta lo suscribo a pies juntillas.
Pero si tuviera que destacar algo de lo que narra, es lo que se llama la "tristeza del corredor". Basicamente ocurre cuando se supera un cierto limite de esfuerzo mental, cuando se han conseguido muchos de los retos que te habias planteado y al llegar a la meta en una determinada carrera en la que necesariamente no has hecho ni el peor ni el mejor tiempo, entras en una especie de depresión, como si te preguntaras ¿y ahora que?.
Recuerdo cuando me paso a mi, llevaba 4 años entrenando para la media maratón, a base de 4 y 5 dias a la semana en temporada, entrenamientos de 2 horas. El tercer año marqué mis mejores tiempos y en el cuarto me estanqué, algunas carreras estaba en mis mejores tiempos pero otras empezaba a empeorar. Lo dejé, y durante dos años no volvi a ponerme unas zapatillas de correr.
Con la perspectiva de los años, yo también he podido como Murakami (y salvando las distancias) establecer paralelismos entre mi vida y la carrera de fondo. Y es que pienso que mi vida me la he pasado corriendo, persiguiendo su sentido, y dejando atrás lugares, personas, comodidades,... Y a veces tambien huyendo, desapareciendo para volver a empezar desde cero si ha sido necesario.
Estos últimos días la vida me está pegando fuerte, sin piedad, como solo la perra vida sabe hacer, como un huracán que no sabe de física y arrolla todo a su paso. Y he intentado salir a correr para huir, para ponerme a salvo, para coger distancia, coger fuerzas y volver a salir a flote, como sea.
Pero inexplicablemente esta vez, mis piernas no responden, tengo que arrastrarlas, duelen, no se quieren mover, la respiracion está desacompasada, el corazón no bombea bien y el ritmo se dispara y sobre todo, la cabeza, lo mas importante de un deportista de fondo, no actúa, no coordina, no templa el esfuerzo ni domina la voluntad, como si no existiera. Un día le pasa a cualquiera, dos dias consecutivos son un síntoma.
Lo que siento es que por primera vez en mi vida, mi cabeza se niega a retroceder, a dar media vuelta y empezar a correr, a huir, a desaparecer, como si entendiera que ya no existen mas refugios, lugares francos en los que aislarse de todo, borrar el pánico y volver a empezar. Y a la cabeza le siguen el resto de órganos, el corazón no late mas, los pulmones dejan de hincharse, el estómago se niega a ingerir alimentos, las piernas se bloquean... Parece que a mi vida le hubiera entrado la misma "tristeza del corredor", y me preguntara a la cara: ¿y ahora que? ¿vas a volver a huir? ¿a donde? No hay mas refugios para ti.
Quizá esta vez, el corredor de fondo deba dejar de huir, cazar vela y ceñir contra el viento huracanado que sopla, y atravesarlo o dejarse la piel y el corazón en el intento.
Quizá llegó el día de dejar de correr.
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